Política Inconfesable: Sinvergüenza

Cortesía de El Correo de Oaxaca/Rodrigo Villar

Carlos Antonio Díaz Escárraga Aguirre, es hijo del priista Heliodoro Díaz Escárraga.

Carlitos es un personajazo y tiene de dónde presumir esa herencia.

En cuestión de meses casi trituró la carrera política de su padre, que dicho sea de paso no es un dechado de virtudes, porque al señor le costó arrastrarse ante sus superiores para llegar a donde llegó, desde que se desempeñó como secretario privado del ex gobernador Pedro Vásquez Colmenares, y hasta su obediencia ciega y abyecta al chacal Ulises Ruiz Ortiz.

Este Carlitos, que no es un jovencito, sino ya es un hombre hecho y derecho –así debería ser-, se ha comportado como un juniorcique de poca monta, sin oficio ni beneficio, es un bicho un nada, pues.
De eso ni duda.

Los hechos lo pintan solo.

Claro que en la formación de un sujeto así interviene la educación, los ejemplos, la ética y la moral que los padres infunden a los hijos. Y bueno, ni se diga, Heliodoro Díaz Escárraga, pues no es quién para conducir al hijito, por la ruta de la responsabilidad.

De este caso no hay mucho que comentar porque de la última chapuza en la calle Emiliano Carranza, para atrás, la historia de Carlos Antonio, es tan similar a la de una cantidad enorme de hijitos de políticos y empresarios –ligados al poder político-, que viven en otro planeta, en una esfera de cristal, de la que se niegan a salir, reconociendo que sus antepasados, su historia no provinieron de la pobreza o de la medianía.

No entienden que viven en un estado pobre, con una población de millones de pobres, que para sacarlos del ostracismo, la verdad falta lo indecible. Lo cual esperamos inicie con este gobierno que promete mucho trabajo y proyectos de alto impacto.

Pero vayamos a nuestro objeto de estudio, ¡perdón!, al sujeto que seguro está acabando con su tan connotado papá.

Hace una semana Carlitos Antonio, quien conducía al amanecer una portentosa camioneta Jeep, con grata compañía, terminó incrustándose con la barda de un taller mecánico. No bueno.

A eso de las siete de la mañana, cuando el hijo del político descrito y su acompañante, se desplazaban en una camioneta marca Jeep, y al maniobrar para ingresar a su domicilio ubicado sobre esa avenida perdió el control y atropelló a una pareja de motociclistas.

El ebrio conductor, arrasó con todo lo que encontró se llevó dos taxis del sitio ADO y terminó impactándose de reversa con la barda de un taller mecánico que se ubica frente a su domicilio.

Y el colmo, estaban tan pasados de copas que, el colmo, Carlos Antonio y su acompañante se quedaron dormidos en el auto aún encendido.

Aquello se convirtió en un lío de la picaresca mexicana. Llegaron paramédicos de la Cruz Roja, quienes atendieron a los jóvenes motociclistas, policías, que contra su juramento de servicio, trataron de evitar el escándalo porque se trataba del hijo de Helidoro, vaya grupo de pelmazos.

Pero el mundo se le vino encima a Carlos Antonio, porque como están las cosas, con el desprestigio de la política, él que se desempeñaba como delegado de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), pues fue despedido fulminantemente de ese cargo, por sus superiores en la Ciudad de México.

Y es que la del domingo pasado, no fue la primera vez que Carlos Antonio Díaz Escárraga Aguirre estuvo envuelto en un escándalo.

En el año 2015, por una soberana estupidez, obligó a su papá a renunciar de la cartera que tenía en una dependencia federal.

En medio de la locura que propician las redes sociales, a Carlitos se le ocurrió difundir la adquisición de un automóvil Porsche con un valor aproximado de 1.5 millones de pesos.

Ese auto alemán de súper-lujo, fue un obsequio de su señor padre. Era un modelo Caimán amarillo, que iba a circular en las terrosas calles de Oaxaca, y nada más que fue un regalo de navidad. Comprado con el dinero de Heliodoro, que para hacer un regalo de tal envergadura, pues cabe la frase de ChicoChe: ¿quen pompo?

A los hijos no se les escoge, se les educa y se les orienta, y con Heliodoro Díaz, vemos que no hizo su tarea.

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