La Tía Justa: ¿De quién es la culpa?

Cortesía de El Correo de Oaxaca/Adrián Trejo

Sobrinos y sobrinas, ustedes me darán su sabia y docta opinión sobre este asunto en particular.
Se publicaron tres videos de una supuesta operadora de MORENA, Eva Cadena, que recibe dinero, primero a nombre de Andrés Manuel López Obrador, después en nombre suyo, y por último como “un pago a modo” por avalar una ley.

El tabasqueño sale a gritonear que se trata de un complot y que si bien la señora recibió dinero, nunca se lo entregó; es más, que se enteró solo por el video.

Pero no deja de señalar que se trata otra embestida de “la mafia del poder’’.
El señor López reaccionó, como era de esperarse.

Así lo hizo cuando se descubrió el asunto de las ligas de René Bejarano, en el 2004 y unos meses después cuando se descubrió a su secretario de Finanzas del Gobierno del DF, Gustavo Ponce, apostando cantidades millonarias en Las Vegas.

Y después en el 2012, cuando el supuesto coordinador de la imagen de la campaña presidencial, Luis Costa Bonino, pidió a empresarios reunir 6 millones de dólares para ganar esa elección.
En todos estos casos –y otros menos publicitados-, López Obrador dijo que se trataba de un complot para descarrilarlo.

José Woldenberg, quien fuera presidente del extinto Instituto Federal Electoral hoy INE, y uno de los más prestigiados académicos del país, publicó en una afamada revista una historia que palabras más palabras menos dice lo siguiente.

Una adolescente hermosa, vivía casi presa en un castillo a causa de los celos de padre. Aun estando encerrada, la joven se enamoró.
Como pudo, se escapó junto con su enamorado y juntos se embarcaron a otras tierras huyendo de la furia del papá.

Pero sucede que unos piratas asaltan el barco y en lance asesinan a la chica.
Woldenberg, pregunta: ¿de quién es la culpa de la muerte de la muchacha?
Muchos respondieron que del papá; otros que de ella misma y algunos más que del novio enamorado.

Pero pocos, muy pocos dijeron que de los piratas, los verdaderos asesinos.
Y aunque la historia la utilizó Woldenberg para hablar del tema de la inseguridad y sus implicaciones, su tía querida quiso retomarla para hablar del caso de la Morena de López Obrador.
Todo mundo, todo, se fija más los actores en torno al escándalo pero no en el protagonista principal.

Por ejemplo, en el primer debate realizado entre los candidatos al gobierno del Estado de México, Josefina Vázquez Mota acusó, con pruebas en las manos, que la candidata de Morena, Delfina Gómez, había descontado el 10% de los salarios de los trabajadores de Texcoco para entregárselo a Higinio Martínez, cacique perredista –hoy morenista-, de la zona y su tutor.

Gómez se quedó helada y rehuyó aclarar el tema en los minutos que tuvo para responder.
Al día siguiente, envió un comunicado en el que reconoce que efectivamente quitó ese 10% “nada más’’ a 200 de los poco más de mil trabajadores municipales.
Y lo hizo “porque se lo pidieron’’.

Yo que he rodado de acá para allá y que fui de todo y sin medida, jamás de los jamases he conocido a un trabajador que voluntariamente “pida’’, que le descuenten algo de su salario para mantener a políticos baquetones.
Entonces vino la segunda parte.

Delfina dijo que había investigado y que no existía una petición de información oficial al Gobierno Estatal o Municipal para conocer esa información.

Luego entonces, “fue el gobierno’’ el que la filtró con el fin absolutamente negro y conocido de descarrilarla porque, según las encuestas, ella va, según su dicho, “superrequetebien’’.

Pues seguramente después del descontón dirá que “iba’’ porque las encuestas que siguieron al debate le dieron el primer lugar a Vázquez Mota, luego Alfredo del Mazo y en tercero a Delfina.
Claro, se trató, como dicen los encuestadores para cubrirse las espaldas, “la fotografía de un momento’’, que puede cambiar de un segundo a otro.

Lo anterior sobrinos y sobrinas es simplemente para provocarles una reflexión pensada.
Yo no conozco a un mexicano encabronado, -ninguno, aunque sea del PRI-, que no se sienta indignado, asqueado y todo lo que termine en ado por los escándalos de corrupción que a diario escuchamos.

Independientemente de ese justificado enojo, no podemos cerrar los ojos a otros hechos que igualmente representan lo peor de la política a la mexicana.

Si hay un buen número de acusaciones de actos de corrupción de los cercanos a López Obrador, ¿de quién es la culpa?

De quien los graba, ¿o del que se apresura a recibir los billetes?
Ustedes dicen.

NO CALIENTA

Cuando ustedes tengan toodoooo esto en sus manos –me refiero a la publicación, por supuesto-, se habrá cumplido un mes de campaña en el Estado de México.

Como saben, los ojos están puestos en la entidad porque se cree que, dado el número de electores, será “un laboratorio’’ para la elección presidencial del 2018.

El PRI le apostó a Alfredo del Mazo chico, -me refiero al junior-, cuyos abuelos y padre ya fueron gobernadores.

La campaña, sin embargo, no ha prendido, quizá porque simplemente el candidato no quiere o porque su equipo es tan corto de miras –o porque tienen mucha lana-, que nomás no hay evento que destaque.
Al candidato lo exponen poco, muy poco, al contacto con la gente.

La mayoría de sus eventos han sido en sitios cerrados y con públicos previamente seleccionados para que no haya cuestionamientos.
Dicen que es por cuestiones de seguridad.

La campaña de Del Mazo, fría como el viento, no es distinta a la de Vázquez Mota, a pesar de que se vio muy bien en el primer debate y la de Delfina pues ahí va. O iba.

Al final de cuentas, como alguna vez nos explicó un político priista con vasta experiencia en estos procesos, ganará aquel partido que el día de la elección “tenga el suficiente control de sus bases y organizaciones para que vayan a votar’’.
A ver…

MALA NOTA,

De enero a marzo en el país se cometieron 433,385 delitos, de los cuales 66,002 ocurrieron en el Estado de México.

La cifra anterior fue dada a conocer por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que ubicó al Edomex como el estado más violento del país en contraste con Campeche, que durante el primer trimestre del año registró 477 delitos.

Los números resultan de averiguaciones previas o carpetas de investigación abiertas por diversos delitos, que son reportadas por las Procuraduría o Fiscalías estatales.

Si fueron o no “cuchareadas’’, eso es responsabilidad de cada procuraduría.
Pero eso no sucede jamás en México.

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