La Tía Justa: ¡Ah, huevo!

Cortesía de El Correo de Oaxaca/Adrián Trejo

Sobrinas y sobrinos, hijos desobedientes, ¿qué tal la pasan con el calor?

En algunos estados del país la semana que concluyó superó los 40 grados centígrados a la sombra; insoportables para quienes no están acostumbrados a esas temperaturas y no tienen aire acondicionado.
Las enfermedades en vías respiratorias siguen en aumento derivado de las altas temperaturas, sin hablar del calentamiento político que está a punto de ebullición.

Ya comentamos, recordarán sobrinos y sobrinas, el tema de la elección en el Estado de México, que no es la única que se realizará el 4 de junio, pero que por ser la tierra del preciso reviste particular importancia.
Tres gubernaturas se disputan: la del EdoMex, Coahuila y Nayarit; también habrá elección de presidentes municipales en Veracruz, creo que 220.

Las apuestas están más o menos así: el PRI gana solo una de las tres gubernaturas –EdoMex-; Morena –o sea López Obrador- gana una –EdoMex-; el PRD solo ninguna, pero ganará Nayarit en donde va asociado con el PAN que a su vez tiene ventaja en Coahuila.

La mayoría de los municipios veracruzanos los gana la oposición y el PRI se quedará solo con algunos de regular importancia; el tricolor seguirá pagando el desmadre que dejó Javier Duarte, que dicen los veracruzanos fue lo único que no se pudo robar.

Todo lo que ocurra en las elecciones servirá para diseñar escenarios de cara al 2018.

Si los calendarios de cada partido se cumplen, el PRI podría estar anunciando candidato por ahí de diciembre-enero; el PAN en enero y el PRD en febrero; desde el 2000 ya sabemos quién es el candidato de Morena.
Sin embargo, no pierdan de vista sobrinos y sobrinas, la posibilidad de crear un frente amplio anti-PRI –y de paso anti PG-, planteado por las dirigencias nacionales del PAN y el PRD.

¿De qué se trata?

Se trata de establecer un proyecto de país sumando las coincidencias ideológicas de todos los que se quieran sumar.

El único requisito que piden los convocantes es que quienes le entren al proyecto, declinen sus aspiraciones personales a favor de un programa integral del país.

Primero el proyecto y después el candidato, es la divisa.

Y justo ahí es donde la marrana tuerce la cola.

Me da la impresión de que si bien la propuesta es bien intencionada, sus posibilidades de progreso son pocas.
Imagínense a Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle, Miguel Ángel Mancera y todos los que andan zopiloteando la candidatura presidencial sacrificando los millones que le han invertido a la promoción personal a favor de un proyecto del que seguramente no saldrán presidenciables.

Ahora, mucho dependerá del resultado de las elecciones del domingo 4 que los partidos tomen sus determinaciones y hagan sus cálculos.

La verdad es que no les queda mucho tiempo ni para la negociación interna, ni externa; literalmente, el tiempo se les vino encima.

Igual que yo, sobrinos y sobrinas, se preguntarán cómo será posible una alianza entre PAN y PRD, es decir, la izquierda y la derecha, en busca de sacar al PRI de Los Pinos.

Nunca ha sido probada en una elección presidencial, pero en elecciones estatales ha sido altamente beneficiosa para ambos; acuérdense –no, mejor no porque se van a poner a llorar-, que una alianza azul-amarilla dio la gubernatura de la bella Oaxaca a Gabino Cué.

Todo es posible en busca del poder.

Y si no, pregúntele a López Obrador, el mesías de Macuspana, quien recibió un “huevazo” al término de un mitin en Huatusco, Veracruz.

El huevón –o sea el huevo grandote que le pegó, no él-, le sirvió de pretexto para evitar dar explicaciones sobre las acusaciones que la impresentable Eva Cadena lanzó a la diputada federal Rocío Nahle.

Cadenita –y no la de Carmen- acusó en un video –otrooooo, ya debería de cobrar regalías-, que Nahle es la que le arrima el dinero al tabasqueño; que es su operadora financiera, pues.

Justo cuando se comenzaba a calentar el tema en los medios de todo el país y algunos del mundo que nos ven con microscopio, ocurre el oportuno “huevazo”.

Ocurrió ahí el milagro de la transfiguración.

No digan amén.

No amén.

Lopitos entonces se escudó en el ataque ordenado “por la mafia del poder’’ para evitar dar las explicaciones pertinentes sobre la probable –y conste, digo probable para que los pejelovers no se sientan agredidos-, corrupción en la que un día sí y otro también se ven involucrados sus colaboradores cercanos.

“Jo no joy corrupto’’, refunfuñó el tabasqueño en una entrevista de radio, en la que acusó, como ya es costumbre, “a toda la prensa’’ de estar al servicio de la mafia del poder, lo que es una salida típica suya cuando se ve acorralado, no por los entrevistadores, sino por la terca realidad evidenciada en audio y video.

Creo firmemente –y quiero que me agarren la palabra-, que nunca veremos a López Obrador recibiendo dinero mal habido; pero ello no lo exime de su responsabilidad como jefe político de su grupo del comportamiento corrupto de sus colaboradores cercanos.

Los nombres ya los sabe: René Bejarano, Gustavo Ponce, entre otros, que fueron cercanísimos a su semi dios y éste los desconoció públicamente, sin esperar que el gallo cantara tres veces.

¿Por qué como sociedad reclamamos ferozmente a Peña la corrupción de los gobernadores del PRI, como su jefe político, y nos negamos a ver la misma responsabilidad en Lopitos?

Ocurre lo mismo en otros partidos. Si un panista el pillado en una transa, las baterías de las redes sociales y mediáticas se enfilan sobre Ricardo Anaya y lo mismo le ocurre a Alejandra Barrales en el PRD.

AMLO se siente vacunado y desde ese trono en el que lo mismo da clases de periodismo que de moral, cierra los ojos ante lo que ocurre en su partido, entre su gente.

Nadie, ojo, nadie, desea un entorno de violencia política como el que vivió México en el año 1994; el país pagó carísimo este affaire.

Nadie tampoco puede estar en contra del discurso anticorrupción que ha sido la bandera de López Obrador en los últimos 18 años, a pesar de que las cuentas de su partido siguen siendo oscuras así como la forma en la que se financia su campaña.

Pero si de piso parejo se trata, lo menos que podemos hacer como sociedad es exigir que todos los partidos, todos, nos dejen de sermonear, de tratar como retrasados mentales, nos ofrezcan propuestas serias en lugar de frases hechas y dinero sacado del banco de la ilusión y utilicen menos la retórica, los fundamentalismos, los dogmas, para que podamos votar por ellos.

A ver si alguien le puede sugerir lo propio al “Tornado de Macuspana’’.

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