Política Inconfesable: Vidas paralelas

Cortesía de El Correo de Oaxaca/Rodrigo Villar

No se trata de evocar a Plutarco. La referencia que en este espacio hoy ocuparán dos personajes en desgracia política y ética, tiene que ver con el retrato de nosotros mismos como sociedad. Javier Duarte de Ochoa y Tomás Yarrington Rubalcava pasaron de ser “honorables” funcionarios públicos, para terminar desenmascarados como voraces delincuentes, asociados con otros delincuentes, quizá, más peligrosos.

Quedó evidenciado, que la nuestra, es una sociedad alienada por los medios de comunicación masiva en convivencia con regímenes políticos que defienden el interés de los sectores económicos y políticos, por encima de su único compromiso que se refiere al servicio público.

Con esta lógica de por medio, que es la que impone la realidad y los hechos, los sucesos últimos –las detenciones de Duarte y Yarrington- , en materia política, ya no conmueven a nadie, es decir, no sorprenden porque se evidenció en ambas una complicidad entre el sistema de impartición de justicia y la política.

Los dos sucesos si provocan, y seguirán provocando, en los próximos meses más irritación, descontento, desconfianza y rechazo de todo aquello se mencione como político.

Las personas ya pasaron del hartazgo a la incredulidad, y eso es grave en el ejercicio de la política. Estamos instalados en lo más delgado del mecate. Los funcionarios públicos, contratados con el dinero del erario, incumplieron con su tarea histórica o coyuntural, como usted, señor lector, la vea.

Tanto Yarrington, como Duarte, fueron en su momento estrellas fulgurantes en su partido político. Ambos ya no son priistas, fueron expulsados de forma fulminante en cuanto se comprobó que se habían convertido en delincuentes de baja ralea. Ya sin el sello del PRI, ahora sí son el centro de la descalificación, asociados con las peores prácticas que en la tarea de funcionarios públicos se puedan tener.

Yarrington no fue gobernador en la misma etapa que Duarte. Pero los dos figuraron como personajes honorables en su momentos, y posteriormente cuando el primero pasó años huyendo de la justicia, impune, y el segundo más cercano a nosotros en el tiempo, se fue sin que nadie chistara, desde el oficialismo hasta los que le hacen segunda, se les dictó la sentencia de sr considerados lo más grotesco que en política que haya conocido.

Saquemos conclusiones, y a eso tenemos –por lo menos- derecho, ¿no? El sistema de partidos se encuentra naufragando en un mar de severos cuestionamientos. Los partidos políticos –ya son increíbles- nadie les cree, la desconfianza de sus bases se apodera cada día de un mayor número de militantes y simpatizantes. Y los políticos, bueno, de ellos lo menos que se cree es que son corruptos, mentirosos y deshonestos.
Un coctel que resulta difícil desentrañar. Todo se combina con todo.

Yarrington y Duarte, en el ánimo de la gente, de las personas que son vistas por lo políticos como botín en cada elección, han caído con mayor peso del que se cree. El cálculo de un buen número de dirigentes políticos, que creen que estos dos delincuentes con sus declaraciones van a enterrar a sus adversarios, es una pésima lectura de lo que acontece en las entrañas del país.

Aún se lee la reacción popular con la lupa que se ocupaba hace doce años, cuando el corporativismo funcionaba con sus achaques, pero daba marcha y arrancaba esa vieja maquinaria. Se creaban peligros y enemigos de los mexicanos. Y ahí entraba la política de comunicación de clara alienación que tan bien conocen las estructuras de los medios de comunicación.

Y así se cerraba el círculo (perverso) perfecto en el que el miedo se impuso en la elección de Felipe Calderón Hinojosa.

Así que el paralelismo entre los dos exgobernadores, acusados de delincuencia organizada, se encuentra en las coincidencias mediáticas que sus patrocinadores les hallen para darle la vuelta a la incredulidad ciudadana, que podría en algún momento hacer descarrilar la vieja maquinaria política, que al día de hoy se encuentra en crisis, y -¿por qué no decir?- neurasténica.

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