Exjefe del FBI revela que Trump le pidió no investigar a sus colaboradores

Cortesía de El Correo de Oaxaca/David Brooks/La Jornada

Nueva York. James Comey, el director del FBI despedido por Donald Trump cuando investigaba a sus socios, declaró ante el Senado que el presidente le pidió que “levantara la nube” de esta indagación y también le solicitó que “dejara ir” al ex asesor de Seguridad Nacional, según su declaración escrita con la que iniciará su testimonio en el Senado en lo que ya se ha calificado aún antes de suceder como una sesión “histórica”.

Aunque no lo afirma explícitamente, las declaraciones de Comey nutren sospechas de que el presidente podría haber cometido el delito federal de obstrucción de justicia. Ese cargo estuvo al centro de los dos juicios políticos (impeachment) contra presidentes en la era moderna: Richard Nixon en torno al escándalo Watergate y Bill Clinton.

El ex director del FBI afirma que Trump le dijo en una conversación el 30 de marzo que la investigación sobre el papel de Rusia en la elección era “una nube” que estaba dañando “su habilidad de actuar a nombre del país…. y preguntó qué podíamos hacer para ‘levantar la nube’”.

Comey también confirma que en una conversación entre los dos en la Casa Blanca el 14 de febrero, Trump comentó algo que el director del FBI interpretó como una solicitud para poner fin a la investigación de Michael Flynn, su ex asesor de Seguridad Nacional. El presidente insistió en que Flynn era “un buen tipo” y, escribió Comey, le dijo: “yo espero que puedas ver la manera para dejar ir esto, dejar ir a Flynn”.

La declaración inicial por escrito de Comey divulgada hoy por el Comité de Inteligencia del Senado ante cual comparecerá el jueves relata nueve interacciones privadas con Trump, tres en persona y seis por teléfono, en un periodo de cuatro meses, todas las cuales incomodaron al entonces director por poner en entredicho la supuesta independencia de la agencia federal que dirigía (indicó que solo sostuvo dos intercambios personales muy breves con Barack Obama).

Comey percibió que Trump intentó sujetarlo en una cena el 27 de enero, relatando que primero el presidente le preguntó si deseaba mantenerse en ese puesto, algo que le pareció extraño ya que habían abordado ese tema anteriormente, y le aseguró que deseaba cumplir con su estancia de 10 años. Trump le informó que mucha gente deseaba ocupar ese puesto, y Comey escribe que interpretó ese intercambio como “un esfuerzo para obligarme a solicitarle mi empleo y crear algún tipo de relación de patrocinio político”. Eso, dijo, lo dejó preocupado ya que el FBI goza de una calidad independiente dentro del poder Ejecutivo.

Agrega que el presidente, en esa misma cena, le repitió una y otra vez: “necesito lealtad, espero lealtad”. Comey le respondió que podía contar con su “honestidad” en lo que calificó como un intercambio bastante incómodo.
El 11 de abril, el presidente le habló a Comey para insistir en que necesitaba hacer más para dejar claro en público que Trump no estaba personalmente bajo investigación, hablando de nuevo de la “nube” sobre su administración. Comey le respondió que eso tenía que ser manejado a través del abogado de la Casa Blanca y el subprocurador general del Departamento de Justicia.

Comey escribe que “imploró” al Procurador General Jeff Sessions hacer todo lo posible para evitar toda comunicación directa y personal entre él y el presidente, ya que lo consideraba como “inapropiado” para un jefe del FBI y algo que “nunca debería de suceder”.

Las conversaciones telefónicas del 11 de abril fue la última comunicación directa entre los dos. Comey se enteró que había sido despedido cuando la noticia apareció en unos televisores detrás de él mientras ofrecía un discurso a agentes del FBI en la oficina del buró en Los Ángeles.

Estos son los primeros comentarios públicos de Comey desde que fue despedido por Trump el 9 de mayo, y se anticipa que su comparecencia dañará aún más esta presidencia, ya la menos popular en la historia en sus primeros meses y una que no ha logrado superar las sospechas de que es producto de una elección en que la interferencia rusa, si no es que la colusión entre la campaña de Trump, influyó en su triunfo [la declaración se puede revisar en: https://www.intelligence.senate.gov/sites/default/files/documents/os-jcomey-060817.pdf].

El Comité de Inteligencia del Senado está a cargo de una de las cinco investigaciones que proceden sobre las interacciones entre la campaña de Trump y los rusos, sus secuelas y ahora sobre posible encubrimiento de estas relaciones. Hay tres más por otros comités del Congreso más una encabezada por el fiscal especial nombrado por el Departamento de Justicia Robert Mueller – también un ex jefe del FBI y figura que ha trabajado con Comey, de quien es un tipo de mentor.

A lo largo de este miércoles, altos funcionarios de seguridad nacional y justicia del gobierno de Trump fueron interrogados en el Senado sobre si el presidente había buscado influir en las investigaciones sobre las interacciones de su campaña con oficiales rusos en lo que fue una especie de prólogo para la audiencia del jueves. Todos insistieron en que no podían discutir sus intercambios con el presidente en sesiones públicas y por lo tanto rehusaron confirmar si su jefe les pidió intervenir sobre la investigación. Mike Rogers, director de la Agenda de Seguridad Nacional aseguró: “nunca he sido dirigido hacer algo que yo creo sería ilegal, inmoral, no ético o inapropiado”.

El director de Inteligencia Nacional Dan Coats, el jefe en funciones del FBI Andrew McCabe y el subprocurador general Rod Rosenstein también frustraron a los senadores que buscaban mayor información sobre el manejo interno de la investigación.

Mientras tanto, al otro lado del mundo y aún antes de la divulgación del testimonio por escrito de Comey, el ex director de Inteligencia Nacional James Clapper comentó en un foro en Australia que el escándalo sobre Trump y Rusia ya es más serio que Watergate: “Watergate palidece, realmente, en mi opinión, comparado con lo que estamos enfrentando ahora”, dijo. Agregó que la manera en que despidió a Comey fue “inexcusable” y condenó el trato de las agencias de inteligencia por Trump.

Una mayoría de estadunidenses (56 por ciento) opina que Trump está interfiriendo con las investigaciones en lugar de cooperar y un 61 por ciento dice que despidió a Comey para protegerse a sí mismo, según una nueva encuesta del Washington Post/ABC News.

Por otro lado, por segundo día consecutivo voceros de la Casa Blanca rehusaron responder si Trump aún tenia confianza en su Procurador General Jeff Sessions. Eso después de que ABC News reveló que Sessions ofreció renunciar en algún momento en los últimos meses después de un deterioro de su relación personal con el presidente, aparentemente algo que empezó cuando decidió recusarse de la investigación sobre los rusos en la elección. Sessions fue uno de los primeros y más fiel promotores de Trump durante la campaña cuando era senador.

Al mismo tiempo, y sin consultar con el liderazgo republicano en el Congreso, Trump anunció hoy -por Twitter- que nominará a Christopher Wray como su próximo jefe del FBI. Wray fue un procurador general asistente de 2003 a 2005 bajo la presidencia de George W. Bush.

La Casa Blanca se estaba preparando para intentar contrarrestar el impacto de la audiencia de Comey, con el presidente amenazando con tuitear durante la sesión, según versiones filtradas a los medios.

BERRINCHES DE TRUMP NO DESVÍAN LA ATENCIÓN DE COMPARECENCIA DE COMEY

Donald Trump hizo otro de sus berrinches, ya comunes, al atacar al Departamento de Justicia y los tribunales, intensificó su retórica antimusulmana, impulsó una semana dedicada a sus propuestas para privatizar la infraestructura, pero todo esto no ha logrado desviar la atención del acto político más importante de esta semana, el cual podría poner en jaque a esta presidencia: el primer testimonio público del ex director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) sobre si el ocupante de la Casa Blanca obstruyó la justicia.

James Comey, quien fue despedido por Trump de la dirección de la FBI el 9 de mayo, comparecerá en sesión pública ante el Comité de Inteligencia del Senado el jueves, en lo que muchos consideran el acto político más importante en meses, si no es que años, en Washington. Ofrecerá su versión de por qué fue cesado, cuáles fueron sus intercambios con el presidente sobre la investigación que encabezaba en torno a una posible colusión entre socios de Trump y funcionarios rusos, y si intentó influir o interferir en dicha indagatoria.
Trump estaba contemplando bloquear el testimonio de Comey empleando el mecanismo de privilegio ejecutivo que otorga un derecho limitado de confidencialidad al presidente en sus intercambios con asesores y funcionarios del Poder Ejecutivo, pero la tarde de este lunes funcionarios de la Casa Blanca informaron que no se invocará ese privilegio.

Comey participará en el primer foro público desde su despido, mientras investigaba al elenco de socios cercanos a Trump. Se anticipa que los senadores lo interrogarán sobre versiones de que el ex director estaba preocupado por los intentos de Trump de influir en el caso. Un episodio ocurrió cuando poco después de asumir la presidencia, Trump invitó al director a cenar en privado y supuestamente le pidió lealtad personal, algo que Comey rehusó hacer, protegiendo la independencia tradicional de la FBI. Otro episodio ocurrió semanas más tarde, un día después de que Trump fue obligado a despedir a su cercano asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, cuando el presidente pidió a Comey si podría dejar ir la investigación sobre Flynn.

Semanas después, Trump sacudió a Washington al anunciar el despido de Comey, ya que era la primera vez, desde el Watergate, en que un mandatario se atrevía a despedir al encargado de una investigación en marcha sobre la Casa Blanca.

Pero no fue todo. Las primeras versiones de la Casa Blanca fueron que Trump despidió a Comey por recomendación del sub-procurador general debido a la manera en había manejado la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton el año pasado, sólo para que Trump dijera días después que ya había tomado la decisión de cesar a Comey, y que al hacerlo tenía en mente la investigación sobre los vínculos de su campaña con los rusos.

La investigación ha crecido desde que Trump despidió a Comey. El subprocurador general se vio obligado a ceder a presiones de legisladores y nombró a un fiscal especial, el también ex director de la FBI Robert Mueller. Y ahora no sólo Flynn, el ex jefe de campaña Paul Manafort y el procurador general, Jeff Sessions, sino también Jared Kushner, yerno e íntimo asesor de Trump, están bajo la lupa de los investigadores por sus relaciones encubiertas con diplomáticos rusos.

Además, avanzan por lo menos tres investigaciones por separado en el Congreso.
Por tanto, la Casa Blanca está haciendo todo lo posible por cambiar de canal. Pocas horas después de los atentados en Londres, Trump envió tuits criticando al alcalde londinense, Sadiq Khan, y utilizó la tragedia para promover su prohibición –congelada en tribunales– contra el ingreso de viajeros procedentes de seis países de mayoría musulmana y criticando a los tribunales estadunidenses por frenarlo.

La mañana de este lunes insistió de nuevo, con otra ola de tuits, pero esta vez atacó incluso al Departamento de Justicia por ceder ante los tribunales al ofrecer una versión más aguada y políticamente correcta de su orden ejecutiva, y no defender la primera versión, más severa.

No sólo eso, también contradijo a su propio secretario de prensa, Sean Spicer, al afirmar que su orden ejecutiva es una prohibición y no una especie de pausa, para el ingreso de personas provenientes de los seis países con población de mayoría musulmana. “Las personas, los abogados y los tribunales lo pueden llamar como quieran, pero yo lo llamo ‘lo que necesitamos’ y lo que es, una prohibición de viajes”, escribió.

Todo eso debilitará el caso ante la Suprema Corte, y abogados que encabezan el esfuerzo para anular la orden ejecutiva expresaron este lunes su agradecimiento al presidente. Neal Katyal escribió en Twitter, no necesitamos la ayuda, pero la usaremos.

En tanto, el presidente arrancó una semana dedicada a su ambiciosa propuesta de fortalecer la infraestructura nacional, y este lunes presentó un plan para privatizar el sistema de control aéreo del país, con la promesa de que lo hará más eficiente y efectivo, aunque críticos de inmediato consideraron el plan como un regalo a los intereses de las grandes líneas aéreas y los promotores de la privatización de servicios públicos.

Versiones que circulan en Washington en días recientes indican que Trump se está preparando para anunciar la revocación de varias de las medidas impulsadas por Barack Obama en la reapertura de relaciones con Cuba.
Mientras, la opinión pública se opone a sus decisiones recientes y su índice de aprobación sigue por los suelos.

Sólo 28 por ciento apoya su decisión de retirar al país del Acuerdo de París sobre cambio climático, con 59 por ciento en contra, según una encuesta del Washington Post/ABC News difundida este lunes. La medida más reciente de su aprobación popular, por Gallup, es de 36 por ciento (el más bajo de cualquier presidente en este periodo del mandato).

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