NEUROSIS TRAUMÁTICA, SECUELA LÓGICA

José Cueli /La Jornada

En el proceso de comunicación preverbal, en el que un sujeto lastimado por un temblor como los sufridos los días 7 y 19 de septiembre en la República mexicana busca las cosas perdidas, suele ser similar al del crecimiento.

La comunicación preverbal se establece mediante el desarrollo motriz y perceptual. Ante las pérdidas se ve influida por la falta de un objeto externo que estimule la relación. Hecho condicionador de fijaciones que impiden el desarrollo.

El esfuerzo de descarga del impulso liberado por medio de vías motoras seguirá la de un cambio interior como la expresión emocional: gritar, llorar, etcétera –inervaciones musculares, no puede por sí mismo dar el alivio de la tensión, que necesitará de un objeto externo que las canalice. La comunicación se torna egocéntrica.

Los fenómenos de descarga, no intencionales ni dirigidos son respuesta a procesos interiores. A pesar de que las descargas ocurren como resultado de estímulos externos, no son respuestas a los mismos, sino indicadores de movimientos en el interior.

En este sentido es interesante la vinculación entre percepción y acto motor que Freud describe magistralmente en el Block maravilloso, donde pone en claro el contenido activo de la función de la percepción.

A pesar de que el organismo es objeto de una intensa inundación de estímulos del mundo externo, éstos son sufridos en forma pasiva. La estructuración de un aparato de percepción, junto a un aparato de protección contra los estímulos demasiado intensos, conduce a una transformación de la actitud pasiva en activa.

Las percepciones se producen rítmicamente por la influencia indudable de las pulsaciones de las relaciones motoras que pueden considerarse una primera tentativa de control del mundo externo.

Esta es la base de la diferenciación y origen de los sistemas de percepción y memoria y, probablemente, de una conciencia más diferenciada al que habría que agregar que el lenguaje aparece excluido de la relación entre tiempo y conciencia que incluye la percepción como la creación de una interrelación de significados que permita hacer más comprensible el origen de la representación del tiempo.

Todo este proceso fracturado por la neurosis traumática requiere ser reintegrado mediante el proceso terapéutico.

Considero que en las sicoterapias de corte sicoanalítico se dan elementos que puedan ser parcialmente elaborados, de acuerdo con la intensidad de las pérdidas y la personalidad previa del que las sufre.

Una intensa estimulación destructiva, para ser rectificada, requiere de un grupo que ayude a elaborarla y a equilibrar al terapeuta.

En este sentido el proceso terapéutico de psicocomunidad, con el que trabajé en los temblores de 1985– representa la posibilidad de organizar, con el grupo terapéutico, las partes más dolorosas.

En una situación individual resultarían prácticamente inelaborables por la incapacidad de los terapeutas de asimilar el dolor que los desborda.

Una vez completada esta diferenciación, la personalidad se encuentra en situación de protegerse de la afluencia excesiva de estímulos mediante la interrupción de la función perceptual, donde la elaboración del proceso de duelo constituye el modelo de todos los mecanismos de defensa ulteriores que pueden asistir en esa elaboración, aunque sea parcial, de la situación traumática, y podrán ser aplicados tanto contra los dolores internos como contra el displacer de origen externo.

Este artículo es una síntesis del difícil proceso de elaboración de las neurosis traumáticas frente a pérdidas, especialmente en aquellos individuos más lastimados en su personalidad.

En que las nuevas pérdidas debido a temblores u otras catástrofes tornan la vida de los marginados a niveles muy regresivos de la personalidad.

Difícil resultan las tareas de elaboración de los duelos ante las pérdidas sufridas y las nuevas.

 

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