RASTROS DE LA DESCOMPOSICIÓN…

LUIS ALBERTO VILLARREAL

Cortesía del Correo de Oaxaca/Rodrigo Villar

En la madrugada del pasado 10 de noviembre, como ya es costumbre cada año en la Cámara de Diputados federal, se aprobó el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2018, y claro que dejó inscrito en la historia negra de la política, otro capítulo ominoso.

Resulta que semanas antes, allá por mediados del mes de septiembre el coordinador del (PRI), en la cámara, César Camacho anuncio que su bancada se encontraba comprometida con la austeridad, derivada de los gravísimos efectos de los terremotos que afectaron nuestro estado, Chiapas, Guerrero, Morelos, Puebla y la Ciudad de México-, y por lo tanto desaparecería el programa llamado Fortalece, que servía para que cada diputado (de los 500 en el Congreso Federal), dispusiera de 20 millones de pesos para etiquetarlos en obras para sus respectivas comunidades.

Es decir, se pretendía terminar con una práctica a la que se dio por llamar los moches. Fueron los diputados federales del PAN, encabezados por el queretano, Luis Alberto Villarreal, amigo de Ricardo Anaya, actual presidente del PAN, señalado de un enriquecimiento inexplicable nada menos que por más de 300 millones de pesos, quien impulsó ese nefasto reparto del dinero público, para que cada diputado se beneficiará con el 10 a 20 por ciento de los recursos que les tocaba bajar a sus estados o ciudades.

Como verá usted un cochinero panista que hay que mantener en el recuerdo, porque los políticos de ese partido se las dan de muy honestos y transparentes. Una más de sus mentiras.

Pero, el caso es que hace unos meses, César Camacho, dijo que él Fortalece desaparecía. Y eso cayó muy bien entre diversos sectores de la sociedad, porque se gastaban diez mil millones de pesos en ese programa que los diputados disfrutaban, sin ninguna revisión, ni tapujo.

CÉSAR CAMACHO

Era muy apetecible, además de recibir sus cuantiosas dietas (sueldos), prestaciones, compensaciones, un pago en efectivo de dos a cuatro millones de pesos por concepto de moche.

NO HUBO ADIÓS AL “MOCHE”

Que inmoralidad de nuestros diputados. Pero bueno. Todos creíamos que el moche había fenecido, por lo menos en lo que toca a los diputados –cosa que nadie cree, porque cuántos negocios no se cocinan a diario en la Cámara de Diputados-, pero ya era un consuelo pensar que eso se había acabado.

No fue así.

Los diputados no se podían quedar sin su moche. Al llegar a la aprobación del (PEF 2018), aquella fatídica noche (entre el nueve y diez de noviembre), diputados del PAN, PRD, PVEM, Nueva Alianza, y el PES, consiguieron que se restableciera el moche bajo otra modalidad y otro nombre.

Metieron en el presupuesto un nuevo ramo de gasto para construir carreteras y caminos rurales. En aquel programa Fortalece, el monto total alcanzaba los diez mil millones de pesos, que divididos entre los 500 diputados daba 20 millones a cada uno.

Hace unos días las señoras y señores legisladores se atendieron con la cuchara grande, porque crearon una bolsa de 17 mil millones de pesos, incluida en esa nueva modalidad de gasto en infraestructura.

Es decir, ahora le tocará a cada uno 34 millones de pesos para que supuestamente se construyan carreteras y caminos, dizque bien hecho en sus estados. Les fue mejor.

ARIEL JUAREZ

Y ante un hecho consumado, con un proceso aprobatorio del gasto público para el año 2018, a deshoras, pues nadie se daría cuenta del tamaño de la osadía que eso representa.

Y le explicaré en breve por qué digo osadía: el gasto total para la reconstrucción por los terremotos se calculó en 43 mil millones de pesos, los mismos diputados ni siquiera concedieron eso al pedido del gobierno federal para apoyar a las miles de familias afectadas a cabalidad, y eso sí, se atendieron a lo grande. Ahí no hubo medida.

Pero, lo que quedará para la historia negra es como a esas deshoras, el diputado de Morena, Ariel Juárez denunció desde la tribuna de la Cámara de Diputados, que se había aprobado esa bolsa de 17 mil millones de pesos para los nuevos moches.

Les gritó, desde ahí, “son unos ladrones”…

Y la respuesta, desde las curules, provino paradójicamente de priístas en su mayoría mujeres: ¡eeeeeehhhh putoooo!

Saque sus conclusiones.

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