PUNTA FINA: MÉXICO EN LA ERA DE LOS CAUDILLOS.

RICARDO ANAYA.

Deslealtades de Ricardo Anaya para su impulsor, Gustavo Madero.

Razones y motivos de López Obrador para crear su propio partido.

Las culpas y yerros del Partido Revolucionario Institucional.

Cortesía del Correo de Oaxaca/José Ureña

La marcha contra la historia de México avanza en doble vía.

En lo legal y en los hechos.

Por la vía institucional, hemos dado vuelta con la reinstalación de la reelección.

Con un voto oportunista borramos la gran lucha del segundo decenio del siglo pasado, una revolución pagada con un millón de muertos y enormes daños sociales y económicos.

Todo por darles gusto a representantes de la oposición -con Acción Nacional (PAN) y Gustavo Madero de adalides, para subirlos a la firma de los llamados cambios estructurales.

Quién lo hubiera aventurado: Francisco I Madero, Francisco Villa, Emiliano Zapata y otros revolucionarios se levantaron contra la derecha y ahora el partido de la Revolución institucionalizada le da gusto a la derecha.

Ya está permitida la reelección de alcaldes, diputados locales y federales y senadores, pero ya están también los cimientos para los dos cargos mayores: gobernadores y presidente de la república.

A las modificaciones legales se agrega otro hecho más preocupante, la práctica, la reaparición de los caudillos.

GUSTAVO MADERO.

DE MACUSPANA PARA MÉXICO

Sociólogos y politólogos tendrán su propia explicación.

En espera de su análisis, vale dar aquí un avance.

¿Se ha dado cuenta usted cómo se han instalado silenciosamente en nuestra sociedad y hoy son ellos, factores fundamentales rumbo a la sucesión político-electoral de 2018?

Comencemos por el más conocido, pero no el menos peligroso.

Andrés Manuel López, se ha montado en la ola del descontento, de la crisis, de la pobreza, para posicionar su imagen de salvador y ya cuenta con todo el entramado para alcanzar el poder.

Si hace once y cinco años, en 2006 y 2012, disponía de un partido creado por las fuerzas democráticas impulsadas por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y otros personajes de izquierda, ahora ya es distinto.

Desechó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuando las tribus veían cómo se aprovechaba de él sin hacerlos partícipes, y para mantenerse vigente creó su propio organigrama.

En el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) a nadie le rinde cuentas y hace sus cuentos a su gusto, como esa patraña mal llamada encuesta para encumbrar en la capital del país Claudia Sheinbaum sobre la popularidad de Ricardo Monreal.

Ya tiene todo: partido, prerrogativas, recursos oficiales y allegados por mecenas a quienes postulará en lugares importantes, sobre todo en el norte del país.

RICARDO MONREAL.

ANAYA, CONTRA VIENTO Y MAREA

En la derecha también hace aire.

El queretano Ricardo Anaya se ha entronizado sobre los cadáveres de quienes antes fueron sus impulsores y aliados y está a las puertas de su soñada candidatura a la Presidencia de la República.

La mayor traición, parricidio político, fue en perjuicio de su antecesor en el PAN, Gustavo Madero, quien lo hizo diputado en 2012, coordinador parlamentario, secretario y presidente interino del partido y luego presidente estatutario.

¿Con qué promesa?

Una sola: corresponder con la coordinación de la fracción azul en la Cámara de Diputados y desde ahí darle la oportunidad de competir por la candidatura presidencial.

No le cumplió y, devaluado como legislador, Madero debió refugiarse en el oscuro gobierno de Javier Corral en el cada día más violento estado de Chihuahua.

Anaya impulsa un Frente de incierto destino con la perredista Alejandra Barrales de compañera de aventura y, en posición menor, el eterno dirigente de Movimiento Ciudadano (MC), Dante Delgado.

El futuro está despejado: con o sin Frente, Ricardo Anaya será candidato presidencial aunque los muertos dejados en el camino le garanticen el fracaso electoral.

ERNESTO ZEDILLO.

DEL PRI DE ZEDILLO

El mismo esquema vive el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

No aprendió de sus fracasos de 1994 a 2006.

Parto de 1994 porque desde entonces un hombre poco identificado con el priismo, Ernesto Zedillo, estableció la política de la sana distancia con resultados funestos.

Si el discurso o el pretexto eran la sana distancia, en la práctica era lo contrario.

Desmanteló la estructura del PRI con dirigentes impuestos y nulo margen de acción: Ignacio Pichardo Pagaza, María de los Ángeles Moreno, Santiago Oñate, Mariano Palacios Alcocer, Humberto Roque Villanueva, Dulce María Sauri.

Agraviado, el priismo se reveló en la XVII Asamblea Nacional con la imposición de los candados, como se llamó el requisito de haber tenido cargo de elección para los candidatos a presidente, gobernador y senador.

La respuesta fue desmesurada: Oñate y César Augusto Santiago fueron cesados violenta, vergonzosamente.

 

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