Inmarcesible: Cien años de la Constitución

• “En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta. Afrenta, esta sangre que me punza como filo de maguey. Afrenta, mi parálisis desenfrenada que todas las auroras tiñen de coágulos”. -Carlos Fuentes
• “Los hijos del pueblo, las clases desheredadas, deben tomar participación en la cosa pública”. -Gral. Francisco J. Múgica
• Tras un siglo de su promulgación, la Carta Magna es letra muerta
• El nuevo inquilino de la Casa Blanca amenaza a México y su población

Cortesía de El Correo de Oaxaca/Octaviano Lozano Tinoco/Reportajes Metropolitanos

El pasado cinco de febrero se cumplieron 100 años de la promulgación de la Constitución de 1917, que terminó con la revolución y dio paso a las instituciones en el país, aunque ese salto ha estado lleno de antidemocracia, impunidad, corrupción y violencia.

A la Constitución le ha faltado calle, es decir que en las situaciones que demanda dar justicia sin importar el poder la otorgue la razón a quien la tengan.

Ya decía Justo Sierra “México es un pueblo con hambre y sed. El hambre y la sed que tiene, no es de pan; México tiene hambre y sed de justicia”.

El intelectual porfirista lo dijo en su discurso “Sobre inamovilidad judicial”, pronunciado en la Cámara de Diputados, el 12 de diciembre de 1893.

Dijo que “para reformar la Constitución, se nos ha dicho, es preciso resolver antes los grandes problemas sociales, económicos y políticos que están en pie. Más los problemas políticos pueden reducirse al problema económico en último término, el problema económico queda implicado en el problema social, y el problema social está perfectamente formulado por el órgano que con más inteligencia y más ira ha sido nuestro adversario, con estas verídicas palabras: “Hay cuatro quintas partes de mexicanos que son parias en su propio suelo”.

Agregó: “soy yo, señores diputados, quien hace algunos meses dijo que el pueblo mexicano tenía hambre y sed de justicia; todo aquel que tenga el honor de disponer de una pluma, de una tribuna o de una cátedra, tiene la obligación de consultar la salud de la sociedad en que vive; y yo, cumpliendo con este deber, en esta sociedad, que tiene en su base una masa pasiva, que tiene en su cima un grupo de ambiciosos y de inquietos, en el bueno y en el mal sentido de la palabra, he creído que podría resumirse su mal íntimo en estas palabras tomadas del predicador de la montaña: “hambre y sed de justicia”.

Muchos años después, el 13 de diciembre de 1916, durante las discusiones para la elaboración de la actual constitución mexicana, el general Francisco J. Múgica, uno de los revolucionarios más respetados y presidente de la Comisión que discutía la redacción del artículo 3o. constitucional, y en su exposición ante los presentes señaló que era vital crear un verdadero sistema educativo laico, gratuito y obligatorio, donde la Iglesia Católica no pudiera intervenir.

Y agregó lo siguiente:

“No, señores; haríamos una mala obra, una mala obra, de inconscientes, si no pusiéramos remedio desde hoy para evitar en lo futuro que nuestros asuntos ya no se resuelvan por medio de las armas, sino que nuestras disensiones intestinas se resuelvan en la tribuna, en los parlamentos, por medio del libro, por medio de la palabra, por medio del derecho, y de ninguna manera otra vez por medio de las armas, porque aunque gloriosas las revoluciones que se hacen por principios, no dejan de ser dolorosísimas, porque cuestan mucha sangre y cuestan muchos intereses patrios”.

En su discurso de la Promulgación de la Constitución Política de 1917, pronunciado por José Francisco Palomera Murillo en el Parque Central Benito Juárez García, señaló lo siguiente:

“El origen de nuestra Constitución se remonta a las ideas liberales de José María Morelos Y Pavón con la promulgación de la Constitución de Apatzingán en 1814 buscando la igualdad, soberanía popular y división de poderes, al término de la guerra de independencia en 1824 se promulga la primera Ley suprema del país la “Constitución de los Estados Unidos Mexicanos” con un fondo conservador y que duró vigente por más de 30 años”.

Afirmó que “para garantizar la seguridad de los bienes y las personas, el presidente constitucionalista, Venustiano Carranza, promulga la “Constitución de los Estados Unidos Mexicanos” del 5 de febrero de 1917, cuyo espíritu se encuentra enmarcado en las tres principales demandas sociales de los mexicanos: La Educación, en el artículo 3ero Constitucional; el Reparto de la Tierra, consagrado en el artículo 27 y la Protección del Trabajo, en el artículo 123 Constitucional; para garantizar el control público de los recursos naturales, la educación gratuita y compulsoria; y la formación de uniones laborales que defiendan al trabajador asalariado.

En teoría, la Constitución de Weimar en Alemania de 1919, primordialmente porque tomó en cuenta los postulados de la justicia social”.

Hoy, a cien años de nuestra constitución, seguimos en la misma, los principios sociales se han desmoronado y en la calle la Carta Magna no existe, por lo que México sigue siendo “…un pueblo con hambre y sed. El hambre y la sed que tiene, no es de pan; México tiene hambre y sed de justicia”, como lo decía Justo Sierra antes de la Constitución de 1917″.

2017, AÑO DE PELIGRO

A más de 15 días que llegó a la Oficina Oval de la Casa Blanca, para todos ya quedó claro que el presidente Donald Trump cumplirá sus propuestas de campaña, aunque violen cualquier acuerdo internacional.

“Estados Unidos, Primero”, su eslogan de campaña, será sin duda intentando pisar al mundo y rompiendo cualquier regla.

México y el presidente Enrique Peña Nieto son el primer punto de su agresión, acusando a los mexicanos de haberse “aprovechado de Estados Unidos” (¿?), por lo que no hace más que insultar a nuestro pueblo, que están indefensos ante un jefe del Ejecutivo a lo más “dubitativo” ante los esténtores violentos que llegan desde Washington, por lo que no puede defendernos.

Otros países como Alemania, China, Francia, Australia, Irán y la Unión Europea, en su conjunto, también han sido “abofeteados” en público por la verborrea de Trump.

El presidente Trump intentó explican su violencia, señalando: “créanme, no se preocupen cuando escuchen sobre las duras llamadas telefónicas que estoy teniendo. Simplemente no se preocupen”, afirmó sin referirse a ninguna en concreto.

“Virtualmente todas las naciones del mundo se están aprovechando de nosotros. Eso no va a pasar más”, agregó.

Hay que tenerlo claro, el nuevo inquilino de la Casa Blanca no “está loco” y tiene preciso, junto con la mitad de los estadounidenses, el Congreso (senadores y diputados), el aparato militar y ciertos grupo de empresarios, hacia dónde quiere ir: restablecer el imperio de Estado Unidos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Así como la maquinaria de Alemania se alió a Adolfo Hitler en 1933 con la idea de crear el Tercer Reich que gobernaría por mil años, en Estados Unidos Trump también tiene la idea de restablecer el imperio estadounidense como estaba a mediados del siglo pasado.

Y con México se ha topado para poner su primer ladrillo de mentiras y medias verdades, para iniciar su gobierno fascista.

Y tras tantos agravios, en el último episodio, después del revuelo levantado tras filtrarse la conversación entre Trump y Peña Nieto en la que supuestamente el mandatario estadounidense dijo que podía enviar militares a México para luchar contra los “bad hombres”, ahora se afirma que Trump le dijo eso a Peña pero de manera jocosa.

Fue un comentario “coloquial” y se realizó en referencia a la cooperación que tienen los dos países para hacer frente a la lucha de los cárteles mexicanos.

O sea que fue chiste de Trump decir que enviaría militares estadounidenses para enfrentar a los “hombres malos” de México.

Lo que nos queda como mexicanos es que el gobierno recurra a los organismos internacionales para hacer que Estados Unidos cumpla con los acuerdos que rigen en el mundo, en cuando a migración, ecología, refugio y economía.

Otra es que el gran pueblo estadounidense siga con sus movilizaciones para que ellos encuentren una salida a la pesadilla Donald Trump, antes que otros Trump aparezcan por todo el mundo como Gremlis infernales y ahora sí sálvese quien pueda.

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