EDITORIAL 729.

Fin de cursos.

Luego de la lucha magisterial por mejores prestaciones laborales y exigir plazas automáticas para normalistas así como denostar contra la Reforma Educativa y repudiar la evaluación, miles de maestros y millones de alumnos tan sólo en Oaxaca, comenzarán las próximas semanas con sus clausuras de cursos.

Como padres de familia que somos, estamos muy preocupados por el futuro de nuestros hijos, me refiero concretamente para aquellos tutores que tienen a sus hijos en escuelas públicas. Y no es para menos, pues no sabemos si en este próximo ciclo escolar los maestros van a cumplir con los 200 días de clases y nuevamente se van a ir a los paros laborales.

Ser maestro significa participar en marchas, plantones y protestas para exigir que el pliego petitorio se cumpla, de acuerdo con las exigencias de su dirigencia sindical en el estado. Las consignas son: argumentar que las protestas que realizan son en defensa del pueblo y la educación, aunque en el pliego petitorio las demandas sean otras ajenas a una buena educación y los derechos del pueblo.

Po eso mismo, el maestro tendrá que protestar y marchar, en ocasiones hasta enfrentarse con ciudadanos que están molestos por las acciones vandálicas de los profesores, incluso, pedir la liberación de sus compañeros y llamarlos presos políticos y de conciencia si son detenidos por la policía al cometer infracciones a la Ley.

Ser maestro es decir que se enfrentan al gobierno cuando en realidad con sus acciones atentan contra las garantías de los ciudadanos, sí, esos ciudadanos que en ocasiones no llegan a tiempo a trabajar; y no es que se levante tarde o sean flojos, sino que el bloqueo de mentores obstaculizó el paso del autobús que lo trasladaría a su centro de labores, por lo que a la semana o quincena, ese día será descontado cabalmente, mientras que el mentor recibirá su salario íntegro sin descuento alguno.

Los ciudadanos carentes de información muchas veces no investigan y se van por lo que otros dicen, sin embargo, para el ciudadano informado, las cosas son diferentes y cuando expresa su inquietud en contra de las acciones del magisterio, lo llaman vendido o que trabaja para el gobierno.

En fin, una serie de dimes, diretes y de contrastes que a final de cuentas es la economía oaxaqueña la que convulsiona por las protestas y manifestaciones, pero al menos nosotros seguimos cuestionando: ¿Hasta cuándo? ¿Por qué atentar en contra de quien -con sus impuestos- paga el servicio de calidad que deben de recibir los alumnos? ¿Por qué el gobierno es tibio? ¿Por qué no aplicar el estado de derecho?

Quien no conoce un burócrata, no conoce Oaxaca, y en este estado pueden pasar muchas cosas, como por ejemplo: que un junior atropelle y mate a unos estudiantes y lo premien; que la salud esté por los suelos, que las parturientas den a luz en los jardines y que no hayan medicinas, mientras que los secretarios de estado tengan hasta avionetas y helicópteros que se caen en los campos.

Así es Oaxaca, un estado en donde no se aplica el estado de derecho y se violentan las garantías más elementales de la población, pero gravemente peor, de los alumnos, que se suponen, son el futuro de nuestro país.

La esperanza con Alejandro Ismael Murat ya no existe, ahora es el repudio popular en contra del gobierno del estado Oaxaqueño. El Junior popis, es ahora sólo un montón de recurso similar a la raquítica educación de millón y medio de alumnos, gracias a nuestras autoridades inoperantes, que carecen de lo más elemental, en mantener un barco a flote. Si no pueden que renuncien mejor. Estábamos mejor, cuando decían que estábamos peor.

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