A LA MITAD DEL FORO: LOS CAMINOS DEL SUR.

JOSÉ ANTONIO MEADE

CORTESIA DEL CORREO DE OAXACA/León García Soler

Vámonos para Guerrero, decía el verso clave de la canción suriana. Los caminos del Sur llevan todos al sureste, de Veracruz a Campeche a Oaxaca y de Tabasco a la peninsular tierra donde se descubrieron recientemente cadáveres de infantes fallecidos hace millones de años. Más de los atribuidos por los científicos a los restos antropológicos de los primeros hombres de Mesoamérica: homo sapiens, homo ludens. Homo hominis lupus est, en la tierra de guerra de las castas que concluyó al llegar las lluvias y abandonar Mérida los mayas para regresar a la siembra del maíz. Pero la victoria de la casta divina no acabó con la cultura maya y el lenguaje que se habla cotidianamente, aunque con discreción y timidez nativas.

Cosas de la desigualdad social que han marcado la evolución y remarcado las revoluciones de Sonora a Yucatán. Desigualdad atenuada por las armas de los colgados y el reparto de la tierra, el agrarismo que llegó tarde al sureste que el Barón Von Humboldt veía como un paraíso tropical de riqueza inagotable. Desigualdad que nada alteró el auge petrolero de los años setentas; tanto que alcanzó para que el abajeño Vicente Fox despilfarrara más de tres millones de barriles de crudo diarios. Se agotó el fundo salvador que atrajo población de todo el país a Tabasco y Campeche. Y adiós mi chaparrita…

El petróleo bien administrado es el mejor negocio del mundo; y mal administrado, también, decían los líderes sindicales y los hombres que vinieron del norte a dirigir Pemex cuando Lázaro Cárdenas aplicó la dura ley y expropió a los insolentes extranjeros que se negaban a obedecer las sentencias del Poder Judicial de la República. Ni la discreción extrema, ni la locura del auge del crudo en las costas, con tirantes de diez a veinte metros entre el fondo y las plataformas marinas, sirvieron para conservar lo rescatado para la soberanía nacional.

PETRÓLEO …EL GRAN NEGOCIO

Se acabó la fiesta. Se abrieron las puertas al capitalismo financiero de la globalidad; y de ahí pal real, nada más el dogma burlón de Ronald Reagan definió el imperio de la política al servicio de la economía y la fantasía del derrame del capital acumulado en las alturas, que algo dejaría para los de abajo.

Pemex no se vendió. Pero la reforma energética afín a la visión conservadora y la obsesión de la competitividad medida por Moodys y sus semejantes, redujo lo que quedaba a empresa dueña y a la vez competidora en concursos con las grandes empresas petroleras; todas de capital privado, pero todas con el control en manos estatales de las naciones productoras. Del Estado que nuestros extremistas de la derecha se han empeñado en diluir hasta reducirlo a marca comercial, con México en su peor nivel de competitividad en la historia. Ni modo de conformarnos con la frase de Izca Cienfuegos, del gran personaje de Carlos Fuentes: “Aquí nos tocó vivir”. La desigualdad social no es sentencia divina, ni fenómeno geológico, geográfico o consecuencia fatal. El norte rico, industrioso y progresista se logró con una población indígena y mestiza tan numerosa como la del sur en el que padecemos el mayor número de compatriotas hundidos en la pobreza.

Alguien perdió el camino. Porque algunos aspirantes a la Presidencia de la República han hecho campañas el estilo que su vocación impone. Y aparentemente pocos de ellos se han enterado de las riquezas formidables de Campeche; independientemente de las que se agotaron en aguas poco profundas. Y que entre la capital del estado y la Isla del Carmen se construye por fin un gran puente que reanimará la movilidad, la actividad marina y agrícola; que viene a suplir las ruinas por las que circulaban penosamente o de plano optaban por las lanchas y lanchones. Tierra adentro, nadie se acuerda de robarle tierra al mar; se cultivan palmas de aceite y se cría ganado mayor y menor; y los encuentros de obras mayas son garantía de atracción turística y de reafirmación de orgullo por las raíces culturales.

Ahí gobierna Alejandro Moreno Cárdenas, militante, dirigente del PRI desde las bases hasta ser titular del Poder Ejecutivo. Y algo ha de tener Alito que los partidos coaligados, aliados, entremezclados, no parecen muy confiados en acabar con el puerto amurallado del PRI.

RICARDO ANAYA

En Tabasco, tierra natal del Peje, candidato perdedor a gobernarla. Con tanto afán como las dos previas y perdidas ocasiones en que quiso ser elegido Presidente de la República, despacha en Casa Grijalva Arturo Núñez, político de vocación y formación, que llegó a gobernador de la tierra de Garrido Canabal por la vocación de tecnócrata de Ernesto Zedillo: fue candidato del PRD cuando todavía era un partido político integrado por tribus que seguían el mismo camino. Y ahí está, ahí donde se llevó a cabo la quincuagésima cuarta sesión abierta de la CONAGO.

Institución que dio a los gobernadores la fuerza del federalismo bien entendido y no siempre respetado. Presidió el Presidente Enrique Peña Nieto, como ha sido siempre, como debería ser siempre. Y ofreció ante los del Sur el relato de los caminos emprendidos este sexenio.

En primer lugar, un antiguo y siempre fracasado proyecto de unir el Océano Pacífico y el Golfo de México en el territorio del nudo mixteco, en el Istmo de Tehuantepec por el que llegaron a tenderse vías de Ferrocarril. Triste rodar de esa ruedas. Pero la obra en marcha se emprendió en los puertos, destino y origen de la carga proveniente del Poniente y del Oriente. Otros vendieron a los ya usuarios nuestros caminos de hierro, para sus minerales y manufacturas de maquila o maíz que importamos para pasmo del tal Trump.

PLATAFORMAS PETROLERAS

Ahora no. Como parte vital de su proyecto de reformas, Peña Nieto abrió la vía al libre juego de la economía y al mismo tiempo emprendieron la adaptación y modernización de los puertos de la Salina Cruz, Oaxaca y Coatzacoalcos, Veracruz. En Zona económica libre, como es la del canal de Panamá, como ya son también otras que abren el paso acelerado a la inversión, al crecimiento. Porque es ilusoria la teoría de la austeridad como motor del desarrollo. Ni hablar, en Mérida ya festeja Rolando Zapata Bello disponer de la Zona Libre. Yvonne Ortega ya gobernó y supo que el poder se disputa en lo interno para poder alcanzarlo en la contienda con el contrincante exterior. Progreso es más que un puerto para que un trio de panistas ensayen el panegírico de la conversión milagrosa o malhadada.

En fin. Algunos de los aspirantes a la grande no van a Campeche. Pero Ricardo Anaya, el del PAN al sol redondo y amarillo, no ha ido ni de paseo a Zacatecas, Sinaloa, Baja California Sur, Nayarit, Michoacán, Morelos, Chiapas, Guerrero, Tabasco, Campeche; de Oaxaca ni hablar: es la tierra de Benito Juárez. José Antonio Meade ha viajado más en menos tiempo, pero tiene que apurarse si quiere llegar a tiempo a Hidalgo, Nayarit, Zacatecas, Colima, Aguascalientes y Tabasco.

Zona y vía libre. Hay que subirse al tren o van a perderse el luminoso viaje renacentista por los caminos del sur.

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