¿El PRI, traicionado por sus gobernadores?

CORTESÍA DEL CORREO DE OAXACA / Raúl Rodríguez Cortés

Elecciones: ¿el vaso medio lleno o medio vacío?
El ejército de las sotanas entra a la arena política… y toma partido.
De los 15 estados que el domingo pasado fueron a las urnas para elegir mandatario, ocho son gobernados por el PRI. Siete de ellos no lo serán más, al menos por los próximos seis años, porque el otrora partidazo los perdió: Colima, Guerrero, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas los ganó Morena; y San Luis Potosí la alianza PVEM-PT. Campeche, la entidad restante, muestra un cerradísimo empate técnico.

En el análisis del porqué de tan estrepitosa derrota, la dirigencia nacional del Revolucionario Institucional, a cargo de Alejandro Moreno Cárdenas, baraja un menú de respuestas, pero se inclina por una: el abandono, si no es que la traición, de los gobernadores de esos estados a los candidatos de la alianza PRI-PAN-PRD.
¿Por qué el abandono y/o la traición? Por el temor a ajustes de cuentas judiciales (¿tendrán cola que les pisen?) que los llevó a amarrar pactos de impunidad. La explicación dada va más o menos así.
En Sonora, la gobernadora Claudia Pavlovich abandonó al candidato aliancista Ernesto “El Borrego” Gándara, porque sabía que, de ganar, la revisaría implacablemente no obstante que comparten militancia en el PRI. Y no sólo eso.

En aquella entidad hay mucha suspicacia respecto a los negocios del esposo de la gobernadora. Esas pugnas entre grupos del tricolor se vieron incluso a nivel familiar. Ricardo Bours declinó a última hora su candidatura por el MC a favor de “El Borrego”, mientras que su hermano Eduardo, exgobernador y cabeza del emporio Bachoco, se alineó desde un principio con el candidato de Morena, Alfonso Durazo.
En Sinaloa, el candidato de la alianza, Mario Zamora Gastelum, también es de extracción priista. Al senador con licencia lo impulsó el gobernador Quirino Ordaz, pero aseguran en el PRI nacional que a mitad de la campaña lo dejó colgado. Dicen que por el temor de que salgan a relucir los negocios que hizo con el poderoso grupo empresarial Coppel.

Las contras –aseguran– también se la jugaron los exgobernadores Juan S. Millán y Mario López Valdés “Malova”, quienes desde un principio pugnaron porque postularan a un priista de cepa y no a un personaje de perfil empresarial como el propio gobernador Ordaz.
Pugnas interpartidistas y temores a futuros procesos judiciales habrían pesado también en el ánimo del gobernador de Colima, José Ignacio Peralta, de origen priista y perfil empresarial, muy amigo de personajes centrales del gobierno de Peña Nieto como Luis Videgaray. No se olvide que fue subsecretario de Comunicaciones y Transportes del hoy finado Gerardo Ruiz Esparza, quien es recordado por sus vínculos con el grupo Higa (contratista estrella de aquel gobierno y protagonista del escándalo de la Casa Blanca) y la española OHL.

Culpas similares se le atribuyen al gobernador de Tlaxcala, Marco Antonio Mena, pues no se explican de otra forma, más que mediante una negociación con la candidata de Morena, Lorena Cuéllar que, a las diez de la noche del domingo pasado, antes de tener una tendencia clara con los resultados preliminares, hubiera salido a reconocer la derrota del tricolor y de su candidata aliancista, también de origen priista, Anabel Ávalos Zempoalteca.
En San Luis Potosí, el gobernador Juan Manuel Carreras, fue el que metió a la cárcel a Ricardo “El Pollo” Gallardo, un personaje sin duda impresentable, pero que ganó la elección por la alianza PVEM-PT. Su temor a que le regresara la copa –dicen los que saben– llevó a Carreras a negociar y abandonar al candidato aliancista César Octavio Pedroza, este sí de cuna blanquiazul.
En Zacatecas, el gobernador Alejandro Tello, habría dejado colgada a la candidata aliancista, Claudia Anaya Mota, senadora con licencia de cuna priista, luego de pactar con el clan político local de los Monreal.

En Guerrero, pesó en el ánimo del gobernador Héctor Astudillo el mismo temor que cuando le ordenó a su fiscal Xavier Olea frenar la investigación por abuso sexual y violación contra Félix Salgado Macedonio, quien emprendería –según sus previsiones– una cacería en su contra.

Por lo tanto, habría pactado con él y abandonado al candidato aliancista de origen priista Mario Moreno Arcos.
Campeche, es para Layda Sandores, de Morena, quien después del recuento obtuvo mil votos más, de ahí que la diferencia que tiene con el segundo lugar, cuyo candidato es de MC, son casi 8 mil votos y con quien tiene el del tercer sitio, la distancia es de más de 10 mil sufragios.

Confirmada esta derrota en tierras campechanas, debe haber más explicaciones de quien gobernó esa tierra y hoy dirige al PRI.

Por lo pronto este es el reparto de culpas de “Alito”.

¿Qué dirán los que están del otro lado de un priismo que evidentemente quedó dividido?

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